mayo 18, 2012

Suceso: Palmas espejo



Momentáneo. Había observado las palmas de sus manos tratando de descifrar las líneas fractales que tenía en frente. Giraba sus manos y cada vez que lo hacía, veía que su humanidad animal se explayaba entre venas, huesos y tendones encapuchados de piel. Giraba y veía sus palmas de nuevo, y ahí estaban de nuevo esas líneas imprecisas, oscuras, ríos secos.

Simetría. Existía alguna, el mapa palmar de cada mano era idéntico al de la otra, idéntico pero opuesto. Eran palmas espejo, complementos que significaban que a lo largo del camino ambas habían realizado el mismo trabajo, empuñado al mismo tiempo y la misma cantidad de veces los mismos instrumentos, con la forma, textura y peso idénticos. Entonces descubrió que era una especie de manco, un lisiado mono funcional.

Vacío. Comprendía que había sido feliz durante el camino hasta ese punto, hasta el día de las palmas espejo. La felicidad es un lugar anormal, puesto que las caricias y aplausos que había regalado alguna vez debían ser reducidos a la mitad de su encanto, recordar tantos cuerpos con las manos, cuerpos que ahora eran la mitad de ellos. Por culpa de sus palmas, había vivido la mitad de las veces, había vivido su vida a medias.

Rescate. Comprendía que había sido infeliz durante el camino hasta ese punto, hasta el día de las palmas espejo. Dado el caso, había tenido las mismas experiencias manuales dos veces y sobre el mismo espacio pero desde otra perspectiva, la opuesta. ¿Cuál de las dos ha de ser la verdadera?, ¿Cuál de las dos ha de ser la opuesta? Indagaba con paciencia. En cuánto afectaría esta nueva realidad a la continuidad del camino, tratará desde ahora, mientras toca o aplaude, saber distinguir conscientemente qué reflejo corresponde a qué mano.

Sentido. Lucubrar sobre el asunto lo distrajo el tiempo necesario como para percatarse al fin en el horizonte, donde el último punto de la caravana se iba perdiendo entre el sol naranja y aquella duna distante. Decidió continuar su andar, pero antes giró hacia atrás y notó que en cada par de huellas que había dejado, ninguna adelantaba a la otra, estaban dispuestas una al lado de la otra. Había observado las huellas de sus pisadas tratando de descifrar los saltos astrales que tenía detrás.

Dolcka
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