octubre 18, 2010

Suceso: Tipos

Aquel tipo era Yo.

Con los huesos y las avenidas asfaltadas de piel, esperaba la lluvia de cocos en pleno diciembre. La mina, en cambio, esperaba enterrada con la veta de oro pálido entre sus brazos/vientre.


Aquel tipo era Yo.


El que escuchaba sumiso las trovas que el comandante inspiraba, el mismo que ahora se siente obsoleto e inservible. La montaña, en cambio, se enternecía llena de huequitos y excavaciones que no eran más que síntomas inconfundibles de una infección de vacío.


Yo era aquel tipo.


Una especie
de daguerrotipo de carne hallado entre las pertenencias de algún soldado abatido por el fuego fraterno. La pradera, en cambio, se aplastaba seca y baldía, sembrada de cadáveres en todas las posiciones posibles que un médico forense pueda clasificar.

Yo era aquel tipo. El mismo que acabó estrellándose al suelo, despedido desde la cama de alguna tipa.

Dolcka
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junio 18, 2010

Reflejandos

Cartas de un Fantasma con problemas existenciales:


Sr.Dolcka
Presente:
Reflejandos

Yo las iba contando mientras el viento me cercenaba.

Tres mil ochocientos noventa y uno, dos mil dos, tres mil dos gotas de líquido amniótico. Rebalsa la vida a chorros rebalsa, hacia adentro con total parsimonia, queda todo hacia adentro, cada vez que miro en ti el espejo roto.

La ventana espejo nos mira mientras la vemos, nos vamos mientras se virtualizan nuestros cuerpos, el paisaje y las huellas. Pero nuestros rostros se han quedado estancados en el techo de la cueva, y el espejo nos sigue siguiendo, nos estorba las siluetas reflejadas, cuanto nos estorba.

Cuanto nos es cueva, aun cuando la cueva ha quedado tan atrás, con su tan espejo y tan nuestros los rostros en el techo. Todo el paisaje ante nosotros es tan cueva como la cueva. Ya no recuerdo tu rostro ni el mío junto al tuyo o viceversa, ya no nos recuerdo, pero la cueva quizá nos recuerda, es muy probable ya que nuestros rostros en el techo.

Llegué a cero, el vacío se ha completado, porque en la bolsa ya no queda, ya no queda una, sino cero gotas del líquido amniótico. La vida se ha ido. Hacia adentro estamos nosotros, cada vez que miro quedamos nosotros sin rostro.

El espejo después de delinear nuestras huellas alejándose, ha quedado ciego de nosotros. Nosotros habremos perdido los rostros, pero hemos ganado el rastro que indiscutiblemente seguiremos para volver a la cueva del espejo, ventana. Indiscutiblemente daré cuenta atrás para llenar la balsa con nuestra esencia de vainilla, y le reclamaré al techo nuestros rostros.



Conde Lakieusfind.

febrero 18, 2010

Distancias Babel

Cartas de un Fantasma con problemas existenciales:

Sr.Dolcka
Presente:
Distancias Babel

¿Qué haces en medio del desierto Babel?

Existen diferentes humos a los cuales se pueden atribuir espejismos de sed. Existen también misterios atribuibles a las propiedades de la arena parda del desierto. No existen así, secretos de restos de aviones ni de sus pilotos, peor aun las miradas cómplices que puedan anudar sensaciones con bailes, ni abrazos con respiros.

Algunos días, especialmente cuando llueve polvo, los nunca más se pierden en pasados, recreando frases y bandas sonoras de instantes que el gentío en espiral ha posado sobre sus hombros. El resto de los días, son simples obsesiones e ilusiones que el AveSol va dejando mientras vuela.

¿Dónde está el agua Babel?

Acá todas las distancias son siempre de 50 kilómetros, no interesa cuanto te acerques o te alejes, estarás siempre a 50 kilómetros del punto de encuentro, del punto de partida o del punto mismo que es el ombligo del desierto.

Las distancias de Babel son también de 50 kilómetros cada una, sólo que las suyas son muy profundas, mucho mas hondas, ataviantes y picantes. Las distancias de Babel están hechizadas de aparente y monótona dulzura, pero al fin y al cabo son distancias que, si se desea, se han de recorrer. Pero como todo camino del desierto al acercarte a ti mismo, estás huyendo de ti mismo. Al acercarte a Babel es ella la que se aleja en contrapartida.

¡No vuelvas Babel!

En los días medianos, los caminos ya andados se confunden con gratos espejismos, engañando a veces al caminante más experto. Pero no tarda en darse cuenta de la falsedad, del engaño. Y con tristeza se ha de abandonar el camino que ya se ha recorrido, que ha intentado seducir, que tanto ha aprendido de Babelia.

Conde Lakieusfind.