mayo 17, 2007

Sietembre

Cartas de un Fantasma con problemas existenciales:

Sr.Dolcka
Presente:
Sietembre

Había corrido casi todo el día, alguna piedra tropezaba de vez en cuando el camino, las curvas cerraban de golpe las visiones y el fantasma de ella siempre a siete pasos de alcanzarme.

El Pasado burbujeante hizo que detenga mi escape de manera abrupta, Babel también se detuvo, siempre a siete pasos de alcanzarme. El mundo pareció detenerse con nosotros, en cambio las nubes no.

Sentí calor y frío a la vez, juntos bajaban y subían por mi espina, cerré los ojos en aquel sitio, tuve visiones de flores y otoños conjugados. Grité, grité lo más que pude, mientras lo hacía, su perfume comenzó a tocarme, hace tanto que extrañaba aquel “sabor”. Grité, grité lo más que pude.

Callé, lo hice al instante mismo de la aparición del presentimiento sobre lo que vendría, tuve miedo de abrir los ojos y más aún el corazón. La sentí a seis pasos de alcanzarme, mis manos temblaban; a cinco pasos de alcanzarme, antiguas huellas de una carrera sin sentido se desvanecían; a cuatro pasos de alcanzarme abrí el ojo derecho y una lágrima escapaba; a tres pasos de alcanzarme abrí el ojo izquierdo y le robaba al ambiente tanto aire como pude; a dos pasos de alcanzarme giré, luego me sentí clavado en la arena y también sobre el momento.

Ahí estaba ella, alta y delgada como siempre, pues siempre gustó de las alturas. Sus pies desnudos nunca antes habían demostrado tal fortaleza, su mirada nunca antes había demostrado tal seguridad.

A un paso de alcanzarme extendió su mano izquierda.

- Te la entrego, con todo aquello que significa. - dijo. Alcé la mirada, su rostro encandilaba mis visiones, así es ella, alta y pálida como “Septiembre”.

Yo quería, quería dar el último paso, entrar en ella, ser parte los dos juntos de uno solo, talvez todo se solucionaría, ya no tendría que estar corriendo, talvez nazca de nuevo, habían tantos talvez, todos ellos razones o excusas para justificar el último paso.

El Pasado escupió un último recuerdo, uno reciente, aparentemente insignificante. Una de las rodillas de Babel tenía una interesante rajadura. Entendí el mensaje y decidí inmediatamente, porque el Pasado y más aún mi cicatriz me obligaban a estar seguro.

- Te amo. – susurró tiernamente pero bajando un poco la mirada. Se acercó y casi a ningún paso de alcanzarme, donde nuestras auras iban a complementarse, retrocedí un paso y mirándola fijamente le explique que no debía, solo era un reflejo, un espejismo en mi desierto, que si alguna vez lograría encarnar, la amaría sin condiciones. Media vuelta y veinte pasos hacia adelante, su presencia se había desvanecido de nuevo y el mundo parecía continuar.


Conde Lakieusfind.